El oraculo de los caldeos

Caldea es el nombre usado para Babilonia por los griegos del siglo IV y posteriores. El término oráculos fue probablemente otorgado a estos escritos para destacar el sentido de que tenían una naturaleza profunda y muy misteriosa. A las sibilas clásicas, los griegos posteriores añadieron la sibila pérsica o sibila babilónica, a quien se imaginaba que los caldeos veneraron en el mismo grado que los griegos al oráculo de Delfos.
El esquema metafísico de los oráculos caldeos comienza con una deidad absolutamente trascendente llamada Padre, con quien reside el Poder, un principio productivo del que parece proceder el Intelecto. Este Intelecto tiene una doble función: contemplar las Formas del dominio puramente intelectual del Padre, y fabricar y gobernar el dominio material. En esta última función el Intelecto es el Demiurgo.
Los oráculos también proponen una barrera entre el dominio intelectual y el material, personificado como Hécate. En esta función de barrera, o más apropiadamente membrana, Hécate separa dos fuegos, esto es, el fuego puramente intelectual del Padre y el fuego material del que se creó el cosmos, y media toda la divina influencia sobre el dominio inferior.
De Hécate procede el Mundo-Alma, del que a su vez emana la Naturaleza, gobernadora del dominio sublunar De la Naturaleza procede el Destino, que capaz de esclavizar la parte inferior del alma humana. El objetivo de la existencia es entonces purificar el alma inferior de todo contacto con la Naturaleza y el Destino llevando una vida de austeridad y contemplación. La salvación se logra mediante un ascenso a través de las esferas planetarias, durante la cual el alma se deshace de varios aspectos de su parte inferior, y se convierte en intelecto puro.
Los oráculos caldeos fueron incorporados a la tradición ocultista del siglo XIX y traducidos al inglés por William Wynn Westcott en 1895.
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21 Nov, 2009 General, Magas, adivinos | Tags: babilonia, caldeos, los videntes, oraculos, sibila, videncias



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