El origen de los oraculos

El oraculo de Delfos, origen de las artes adivinatorias.

Oraculo de Delfos

Entre los lugares míticos más conocidos de la antigüedad, en los que se desarrollaba el conocimiento de la adivinacion, se encontraba el oraculo de Delfos. Situado en un gran recinto sagrado, estaba dedicado al dios Apolo, a quien se le había erigido un gran templo en su centro, al pie del monte Parnaso. Las musas rondaban por los alrededores de los jardines, para conceder inspiración a las pitonisas, y las náyades se bañaban en las fuentes para agradar la visión de los dioses.

Las pitonisas eran las figuras emblemáticas y protagonistas del oráculo. Sus vidas estaban sometidas a una férrea disciplina, por lo que para la elección de esta figura femenina fundamental no se exigía origen ni clase social determinada, sino, únicamente, una conducta y costumbres irreprochables. Una vez que resultaba elegida, debía pasar los trámites ritualísticos, para conseguir la limpieza de espíritu y recibir las bendiciones del dios Apolo. Del contenido de estas misteriosas celebraciones apenas se conocen algunos detalles, pues permanecían en el más absoluto secreto.

Se sabe que la pitia o pitonisa se sentaba en un trípode que estaba en un espacio llamado ‘adition’, al fondo del templo de Apolo, en un lugar denominado “lugar sagrado de acceso prohibido”.

La denominación “pitonisa” procede del topónimo de Pyto (o Pito), nombre que recibe en la época de la Grecia clásica una parte de la región, en la que está enclavado el monte Delfos, sinónimo de Pyto. A su vez, este nombre fue tomado de la serpiente Pitón, que vivía en las cuevas de esta zona griega. La mitología cuenta que el dios Apolo dio muerte a la serpiente Pitón en el monte de Delfos, para conseguir su sabiduría y adueñarse del poder de predicción del oráculo.

Continúa la tradición explicando que Apolo, tras dar muerte a la serpiente, guardó sus cenizas en un sarcófago, el que quedó enterrado debajo del ónfalos, en el templo de Apolo, y fundó en su honor unos juegos fúnebres que se llamaron Juegos Píticos. De Pitón derivó el nombre de pitia o pitonisa.

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